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Apuntes QC.CA: Educando en el olvido

En 1928, el gobierno canadiense decidió erradicar el “problema indio” a través de un programa de educación en régimen de internamiento para los niños indígenas en escuelas, en su mayoría regentadas por la Iglesia, con el fin de preparar a estas generaciones para la vida en la “sociedad blanca”. Retomaban de esta manera un proyecto que ya se había puesto en marcha en el siglo XIX (1861) y que, en esta ocasión, llegó a contar con más de 130 centros hasta que en 1984 se cerró el último.

09-second-storiesLas separaron de sus familias, las despojaron de todo aquello que llevaban consigo, les cortaron el pelo, las uniformaron y las sometieron a un ritmo de trabajo sin descanso día y noche durante siete días a la semana. Diez años de “formación” durante los cuales no vieron a sus padres. Así se escribe la historia de las dos protagonistas del cortometraje “It had to be done (second stories)”, de Tessa Desnomie.

Las promesas hechas durante aquellos años, forzadas a una educación “occidental”, imbuida en la religión, permanecieron con tanta intensidad que, en el momento en que pudieron, se dedicaron a luchar por cambiar un sistema y asegurarse de que las siguientes generaciones no se verían sometidas a los abusos que ellas sufrieron. El lema que imperó en sus cabezas durante una década “it had to be done”, lleva a esa energía acumulada y ese sentido del compromiso y la responsabilidad de cambio, de evitar a toda costa que la historia volviera a repetirse.

La educación que recibieron miles de niños indígenas conllevó efectos devastadores para la mayoría de ellos, que fueron víctimas de abusos físicos, emocionales e incluso sexuales. No sería hasta décadas más tarde cuando estos niños, ya adultos, encontraran el coraje suficiente para comenzar a compartir sus historias, a hacerlas públicas y, a la vez, a hacerse lo suficientemente fuertes para demandar el reconocimiento de estos dramáticos hechos y exigir una compensación por esa infancia robada.

Hubo que esperar, sin embargo, hasta el 11 de junio de 2008 para obtener la primera disculpa formal de un primer ministro canadiense (Stephen Harper) sobre el programa de las escuelas nativas residenciales, con financiación federal.

Estas heridas no visibles fueron tan profundas que se transmitieron incluso a los hijos que nunca vivieron la experiencia de los colegios internos, de tal manera que las conductas, fruto de esa “re-educación” que recibieron estos pequeños indígenas, se manifestaron en los comportamientos de sus descendientes. Este es el punto de partida del documental del tinglit Duane Gastant’ a través de su propio testimonio biográfico: “My own private Lower Post”.

¿Por qué, sin haber estado en aquellas escuelas, mostraba los mismos síntomas? A partir de esta pregunta, Gastant’ se acerca la historia no desde una perspectiva negativa, sino desde quien necesita comprender para saber, para poder encontrar las respuestas que le permitan, por fin, dotar de sentido a su vida, conocer realmente quién es y por qué ha vivido de la manera que lo había hecho hasta ahora; de dónde venía toda esa ira, esa rabia, para poder seguir adelante.

lowerpost2Siguiendo la tradición tinglit madre e hijo encuentran la fuerza necesaria para sentarse y enfrentarse a estas experiencias a fin de sobreponerse a ellas y sobrevivir. Resulta estremecedor conocer de primera mano el resultado de una política educativa que terminó arrancando no sólo la infancia a miles de niños, sino que acabó por trastocar todos sus valores, hasta el punto de convertir a varias generaciones en exiliados de su propia cultura, de su propia tradición, de su identidad.

Las historias que se narran en el cortometraje “It had to be done (second stories)” y en el largometraje “My own private lower post” son testimonios vivos de un pasado que aún pervive en nuestros días. De hecho, los investigadores han demostrado que la separación forzada de sus familias fue devastadora no sólo para los los niños indígenas sino también para las comunidades y las culturas.

“After a lifetime of beatings, going hungry, standing in a corridor on one leg, and walking in the snow with no shoes for speaking Inuvialuktun, and having a heavy, stinging paste rubbed on my face, which they did to stop us from expressing our Eskimo custom of raising our eyebrows for ‘yes’ and wrinkling our noses for ‘no’, I soon lost the ability to speak my mother tongue. When a language dies, the world it was generated from is broken down too.”
Mary Carpenter 1995

Que no se repita la historia.


** “It had to be done (second stories)” de Tessa Desnomie, y el largometraje documental “My own private lower post” de Duane Gastant’ se exhiben estos días en la ONF NFB en el marco del Festival Prèsence Autochtone | First Peoples’ Festival de Montreal.

** Esta noticia aparece también publicada en Soitu.es y forma parte de las Cartas desde Montreal que tienen un hueco en los Apuntes de Cine y Teatro de RNE.

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