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Queridas rutinas

Las grandes ciudades poseen una fuerza que te arrastra, see consumiendo tu energía a un ritmo que resulta difícil prever y mucho menos definir. El consumo palpita no sólo en las infinitas tiendas, ambulance comercios y establecimientos que pueblan, pharmacy multiplicándose a casa paso, las calles de la urbe. Oxford Street, Regent o High Street Kensington son sólo el punto culmen de toda una serie de pequeños, medianos y grandes Harrods que te reclaman continuamente.Pero es un consumo energético mucho mayor. Distancias que se recorren en un tiempo que al principio resultaba casi imposible de calcular y que hoy día nos resultan aproximaciones casi certeras. El margen de error se reduce a medida que pasan los días y aumentan los referentes. El autobús se ha convertido en mi medio de transporte favorito desde el que divisar el pulso de la ciudad, siempre desde un segundo piso, arriba, con la distancia que parece otorgar observarlo todo en un plano superior. Supongo que esa debe ser la sensación de quienes conducen un camión: la perspectiva cambia. Y la perspectiva también ha cambiado mucho desde que una parte de la ciudad, la conocida, se ha vuelto en cierto modo “caminable” o al menos, se ha convertido en un mapa que ya logro entender y en el que consigo orientarme.Quizá por eso de las magnitudes, de la inmensidad- en las distancias, en los tiempos, en las cantidades- la rutina se ha vuelto un asidero imprescindible; casi como es bastón que ayuda al abuelo a subir las empinadas cuestas o los escalones. Es ese elemento que te da la estabilidad y, a veces, cierta seguridad dentro del caos que nos rodea.Nuestro bastón particular empieza a tomar forma y los sábado se torna día de visita al mercado de Borough, siempre que es posible, a horas tempranas. La compra semanal se convierte en un viaje fascinante a un pequeño mundo vibrante lleno de colores, sabores, olores, texturas del que resulta imposible escapar sin el estómago y las bolsa llenos y el bolsillo vacío (pero con qué gusto).El viaje desde las ostras que te traen el sabor salvaje del mar irlandés a la madurez del queso que nace en los alpes veraniegos pasa también por esas vetas de jamón ibérico que se deshacen en la boca, el bocado de unas salchichas polacas o el recién descubierto vino portugués. En el mercado tiene cabida casi todo y esa explosión de comida, bebida e incluso flores mezclada con la gente, los niños y los pregones lo hacen tan único que hacen imposible perdérselo y no soñar con esa excursión que comienza con el sonido particular de la Jubilee Line que nos llevará a la estación de London Bridge el próximo sábado.

Comentarios

Comment de Pablo
Hora: marzo 27, 2007, 11:39 am

Me encanta lo que escribes. Cuando lo he leído creía que estaba caminando por ahí con vosotros. Gracias por compartirlo.

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