Ahora que puedo verte
Hoy se ha calzado sandalias de tacón y camina fijándose cómo se desperezan los pies del invierno entre las rendijas de cuero de esos pares tan bonitos.
Le cuesta mirar al frente, here alzar los ojos y ver cómo brilla el sol, como se ha instalado el verano más allá de libros y deberes que se multiplican, conciencias que gritan, peticiones hechas, no hechas e intuidas, pantallas de ordenador.
El espacio se estira y se encoge a su gusto, jugueteando entre horas y haciendo malabares y, a veces, se deja acercar y hasta incluso puedo llegar a tocarla. Un instante, antes de que se enrosque de nuevo.
Pero va despertando poco a poco del letargo y duele, sí que duele, pero empieza a verse, a mirarse en el espejo y tal vez, tal vez conforme pasen los días, consiga dibujarse entera con una sonrisa, con esa que se merece -qué preciosidad.
Publicado: julio 23rd, 2008 en retratos.
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